Modelo de Prevención de Delitos (Ley 20.393), los pilares que no pueden faltar
Ley 20.393

Modelo de Prevención de Delitos (Ley 20.393), los pilares que no pueden faltar

Conozca los pilares de un Modelo de Prevención de Delitos bajo la Ley 20.393: encargado autónomo, riesgos, canal de denuncias, capacitación y supervisión.

Equipo Normatic AI9 de junio de 20268 min de lectura

La Ley 20.393 estableció en Chile la responsabilidad penal de las personas jurídicas. Bajo ciertas condiciones, una empresa puede ser sancionada por delitos cometidos en su interés o provecho. La herramienta central que la ley contempla para gestionar ese riesgo es el Modelo de Prevención de Delitos (MPD). No se trata de un documento que se redacta una vez y se archiva, sino de un sistema vivo que la organización debe diseñar, implementar y mantener.

Para quienes lideran cumplimiento (oficiales de cumplimiento y encargados de prevención de delitos), entender los pilares del modelo es clave. Cada uno cumple una función específica y, en conjunto, sostienen la capacidad de la empresa para prevenir, detectar y reaccionar frente a conductas ilícitas. A continuación revisamos esos pilares y para qué sirve cada uno.

La Ley 20.393 ha sido objeto de reformas que ampliaron el catálogo de delitos y ajustaron exigencias del modelo. Antes de diseñar o actualizar su MPD, verifique el texto vigente y su alcance específico para su organización.

Encargado de prevención con autonomía

El primer pilar es la designación de un encargado de prevención de delitos (EPD). Su rol es liderar el diseño, la implementación y la supervisión del modelo, sirviendo como punto de referencia interno en materia de prevención.

Lo decisivo aquí es la autonomía. El encargado debe contar con independencia respecto de las áreas operativas y de la administración, de modo que pueda ejercer su función sin presiones ni conflictos de interés. Esa autonomía se traduce en aspectos concretos como el acceso a la información que necesita, recursos y medios suficientes para cumplir su labor, y un canal de reporte directo hacia la alta dirección.

¿Para qué sirve? Para que exista alguien con responsabilidad clara y capacidad real de actuar. Sin un encargado autónomo, el modelo carece de un dueño efectivo y los demás pilares quedan sin coordinación.

Identificación de riesgos y controles

Ningún modelo puede prevenir lo que no ha mapeado. Por eso, el segundo pilar es la identificación de los riesgos de comisión de delitos a los que la organización está expuesta, en función de su giro, sus procesos y su contexto.

Este ejercicio implica analizar las actividades de la empresa para detectar dónde podrían materializarse conductas ilícitas, es decir, qué procesos, qué cargos y qué situaciones concentran mayor exposición. A partir de ese diagnóstico se diseñan controles (políticas, procedimientos, segregación de funciones, autorizaciones, registros) orientados a reducir la probabilidad de que esos riesgos ocurran.

¿Para qué sirve? Para que el modelo responda a la realidad de la organización y no a una plantilla genérica. Un mapa de riesgos bien construido permite priorizar esfuerzos y asignar controles donde más se necesitan, en lugar de dispersar recursos sin foco.

Canal de denuncias

El tercer pilar es un canal de denuncias que permita reportar conductas sospechosas o irregulares. Es uno de los mecanismos de detección más relevantes, porque muchas situaciones de riesgo salen a la luz cuando alguien dentro o fuera de la organización las reporta.

Para que funcione, el canal debe ofrecer confianza a quien denuncia. Eso supone resguardar la confidencialidad de la identidad del denunciante cuando corresponda, ofrecer la posibilidad de reportes anónimos, y proteger frente a represalias. Igual de importante es lo que ocurre después. Las denuncias deben recibir tratamiento, registro y seguimiento, con trazabilidad de cada caso.

¿Para qué sirve? Para detectar a tiempo. Un canal bien diseñado convierte la información dispersa de la organización en alertas accionables y demuestra que la empresa toma en serio el cumplimiento.

Capacitación y difusión

El cuarto pilar es la capacitación. Un modelo solo es eficaz si las personas que componen la organización lo conocen, lo comprenden y saben cómo actuar conforme a él.

La difusión y formación deben llegar a colaboradores en sus distintos niveles, con contenidos ajustados a los riesgos propios de cada función. No basta con comunicar la existencia del modelo. Hay que explicar las políticas, los procedimientos, cómo usar el canal de denuncias y qué se espera de cada persona. Dejar registro de estas actividades (quién recibió qué formación y cuándo) también forma parte de un modelo ordenado.

¿Para qué sirve? Para transformar el modelo en cultura. La capacitación reduce la probabilidad de incumplimientos por desconocimiento y refuerza la responsabilidad individual.

Supervisión y actualización del modelo

El quinto pilar es la supervisión y actualización. Los riesgos cambian, porque aparecen nuevos procesos, nuevas líneas de negocio y nuevas exigencias normativas. Un modelo estático pierde vigencia con rapidez.

Por eso, el encargado de prevención debe supervisar de forma continua el funcionamiento del modelo, verificar que los controles operan como fueron diseñados y revisar periódicamente el conjunto. Cuando el diagnóstico de riesgos cambia o surgen brechas, el modelo se ajusta. Esta lógica de mejora continua es lo que mantiene al MPD alineado con la realidad de la organización.

¿Para qué sirve? Para que el modelo siga siendo pertinente y efectivo en el tiempo, y no un documento desactualizado que solo existe en el papel.

Respaldo de la alta dirección

El último pilar, y en cierto sentido el que sostiene a todos los demás, es el respaldo de la alta dirección. La administración debe involucrarse en el modelo, lo que significa aprobarlo, dotarlo de recursos, designar al encargado y respaldar su autonomía.

Este compromiso no es simbólico. Define el presupuesto del programa, la prioridad que se le asigna frente a otras metas y el ejemplo que la organización recibe desde arriba. Cuando la dirección demuestra con hechos que el cumplimiento importa, el llamado tone from the top, los demás pilares ganan fuerza.

¿Para qué sirve? Para darle peso real al modelo dentro de la organización. Sin respaldo de la dirección, el encargado queda sin medios, los controles se relativizan y la capacitación pierde seriedad.

Cómo se sostienen entre sí

Estos pilares no funcionan en aislamiento.

  • El respaldo de la dirección habilita la autonomía del encargado.
  • El encargado lidera la identificación de riesgos y el diseño de controles.
  • El canal de denuncias alimenta la detección y, con ello, la actualización del modelo.
  • La capacitación asegura que las personas conozcan y usen todo lo anterior.

Un modelo robusto cuida que ninguno de estos elementos quede débil, porque la cadena de prevención es tan fuerte como su eslabón más frágil.

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